Cuestiones jurídicas y bioéticas entorno a la Muerte
Curso dictado por Dra. Teodora ZAMUDIO

Material editado para l@s alumn@s de la U.M.S.A.

 

La muerte

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Su significación a partir de la concepción espiritista cubana

Lic. Ileana Hodge Limonta.

Dpto. de Estudios Socio-religiosos. CIPS.La Habana, Abril.1999. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) Biblioteca Virtual - Sala de lectura http://www.clacso.org

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Resumen

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La concepción de la muerte en la teoría kardeciana

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La Muerte

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Significación de la muerte para el creyente epírita cubano.

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Consideraciones generales

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Bibliografía

 

Resumen

El abordaje teórico de la problemática de la muerte desde la concepción kardeciana hasta la comprensión de los espiritistas cubanos es el tema central que trata este artículo. Para los creyentes espiritistas cubanos, esta problemática no constituye el centro de sus reflexiones teóricas. Estos espiritistas al referirse al tema de la muerte no saben diferenciar conceptualmente lo que es alma de lo que es espíritu, ambos conceptos son utilizados indiscriminadamente. Para ellos la muerte es considerada continuidad, progreso y encuentro consigo mismo.

Pensar en lo que sucederá con nuestra obra después que nuestros corazones dejen de latir, es un aspecto de la vida que crea temores, miedo, desesperanza, desconsuelo.  Es algo a lo que nos referimos, pero de lo que no queremos reflexionar detenidamente.  Admitir que la muerte es el fin de la existencia misma sin lugar a dudas constituye una verdad irreprochable pero inadmisible al mismo tiempo, aún cuando la fe religiosa trate de preparar a los creyentes para afrontar esa verdad, porque vida y muerte son dos momentos importantes que marcan el ciclo evolutivo en los seres vivos.  Representan principio y fin.  Constituyen dos categorías que se excluyen y se complementan mutuamente.

El espiritismo como cualquier otra expresión religiosa concreta, aborda la problemática de la muerte, pero le dedica especial atención a este particular, hace énfasis en la teoría, la concep­tualiza a partir de la definición que ofrece sobre el contenido de su creencia que "tiene por principio las relaciones del mundo material con los Espíritus o seres del mundo insensible"[1].  Lo cual significa que el espiritismo como expresión religiosa nutre su basamento teórico en el supuesto que puede ocasionar la vida post-mortem para cualquier mortal. 

El artículo que presentamos tiene como principal objetivo analizar cómo ha sido abordada la problemática de la muerte por el ideólogo y sistematizador del espiritismo Allan Kardec y en qué medida ello ha podido incidir a nivel de creyente individual cubano. Para ello hemos tomado como base, en especial, su principal obra "El Libro de los Espíritus". Se ha recurrido, además, a la consulta de bibliografía especializada, así como algunas opiniones y testimonios de creyentes activos.

Para el espiritismo, así se refleja en la literatura karde­cia­na, su verdadero mundo es el de los espíritus o mundo sobrenatu­ral, de donde provienen las almas impuras, que en un proceso, al que definen como encarnación deberán regresar a la Tierra a saldar cuentas pendientes, asumiendo nuevas persona­lidades. Esta concepción admite la idea de que el ciclo se repetirá cuantas veces sea necesario hasta alcanzar el status de espíritus puros e iluminados.

La muerte no sólo ocupa el centro de la teoría espírita sino que es interpretada, en particular, a diferencia de otras expresiones religiosas como camino hacia la purificación y el progreso espiritual y no en término de salvación o condena eterna post-mortem.

De la lectura de las obras de Allan Kardec puede inferirse además, que otro aspecto central relacionado con la muerte dentro de la doctrina espiritista, es la creencia en la posi­bilidad de comunicación del mundo terrenal con el de los espíritus, producida según sus concepciones a través del médium en un estado de trance o éxtasis, aunque potencialmen­te, en sus creencias, toda persona está en posibilidad de poder comunicarse con el que perciben como su mundo: el de los espíritus.

El tratamiento kardeciano de la muerte explica este proceso fisiológicamente normal como transitorio y reiterativo en cada ser humano. La concepción filosófica desarrollada en Kardec sobre la muerte tiene como objetivo principal tratar de expli­car el proceso de desencarnación (muerte) como consecuencia de la actitud moral de los hombres, estimulando su espera como camino que necesariamente habrán de recorrer para lograr el objetivo de perfeccionamiento, aun cuando la misma esté prece­dida de grandes sufrimientos.

El trabajo que emprendemos como primera aproximación, nos ayudará a ir compilando el basamento teórico necesario para precisar en qué medida la forma en que se concibe la muerte en la doctrina espiritista es asimilada y puede convertirse en un mecanismo regulador de su conducta. Consideramos que el haber asistido a actividades litúrgicas de las diferentes vertientes del espi­ritismo existente en Cuba, así como las entrevistas de creyentes que nos han permitido estas reflexiones que sometemos a consideración.

La concepción de la muerte en la teoría kardeciana

Es en Francia y no en EE.UU. de América, país que le dio origen, donde el espiritismo se sistematiza. Esta labor la emprendión León Hipólito Denizard Rivail 1804-1869 (Allan Kardec), aunque como es conocido no fue él su creador[2], pero sí se le puede adjudicar el ser su sistematizador. En sus libros recogió las ideas un tanto dispersas hasta entonces y las hizo accesible a un gran público, elaborándolas en un orden sistémico y redactándolas con un sentido didáctico. A partir de la publicación de sus trabajos otorgó a sus concep­ciones un carácter de mensaje del mundo de los espíritus, de revelación, con ello persiguió, al parecer, presentarlas a los creyentes como más sólidas, al tiempo de considerarlas como normas de conducta de obligatorio cumplimiento. Sus criterios se difundieron rápidamente y conformaron una especie de cate­cismo espiritista. Son por tanto sus libros considerados entre los adeptos como fundamentales en el conocimiento de la doctrina. La primera de sus obras dadas a conocer fue "El Libro de los Espíritus", publicado en 1861 y que por su impor­tancia hemos escogido para introducirnos en el tratamiento dado a la muerte por este teórico religioso.

La creencia en la existencia de dos mundos que desa­rrollan seres con vidas semejantes, y similares formas de actuación, se remonta a la comunidad gentilicia. En ella la muerte se concibió como prolongación de la vida. En las Anti­llas se concebía que los muertos habitaban en sitios cercanos a las islas, podían comunicarse con los vivos y sólo se les diferenciaba por carecer de ombligo, lugar en el que para ellos radicaba la fuerza vital vinculada a la vida[3].

En todas las expresiones religiosas está presente la teoría de la muerte, de ahí que sus doctrinas de un modo u otro, aborden esta temática. De forma generalizada puede señalarse que en la mayor parte de ellas, la muerte es interpretada como eslabón intermedio o como enlace entre ambos mundos: el de los vivos y el de los muertos.

La muerte según la teoría de Allan Kardec es concebida como tránsito dialéctico que conduce a la purificación y al progre­so de las almas, lo que corresponde con una interpretación religiosa de esta categoría. Esta concepción constituye el eje central de la doctrina y práctica religiosa de los espiritis­tas.

Después del proceso de desencarnación –muerte- de una persona, existe, según ellos, la posibilidad de comunicación con el mundo espiritual, lugar donde van a parar las almas de los fallecidos convertidas en espíritus, comunicación que se pone de manifiesto mediante la actuación de sus practicantes activos denominados médiums. El médium en proceso de trance o éxtasis, según señalan, puede ver, palpar, escuchar y hasta intercambiar frases con espíritus de personas fallecidas, en particular familiares o allegados.

Allan Kardec y sus seguidores afirman que la existencia del mundo de los espíritus, y su comunicación con él, es científi­camente demostrable. Argumentan al respecto que son manifesta­ciones naturales basadas en teorías razonables que tienen como origen un conocimiento incompleto de la realidad. Se aporta una interpretación filosófica que se hace factible con la intervención inteligente de los espíritus que suelen manifestarse independientemente de la voluntad de los hombres, pues vienen dadas a través de leyes físicas, en las que radica la causa de dichos procesos. El efecto de estas causas que rigen el desarrollo social, según afirman, no puede sustraerse de las leyes de la humanidad donde ocupan un papel fundamental los principios morales.

Los teóricos del espiritismo hacen referencia a un método, según sus criterios, científico-investigativo que incluye la comprobación y la observación completa de los hechos, para ellos identificados como las manifestaciones materiales de los espíritus, a los que denominan Ciencia Espírita. Reconocen limitaciones que pueden producirse por imperfecciones físicas y morales de los individuos.

La Muerte

Para Kardec, el espiritismo ofrece al hombre:

- Desprecio a la muerte

-Resignación en las vicisitudes de la vida

Consuelo supremo dado por la posibilidad de entablar comunicación con seres que les son queridos

Se percibe un débil desprecio hacia la muerte, que no puede ser interpretada como deseo de la muerte en sí misma, pues el espiritista defiende su vida como cualquier mortal. Sin embargo, siente una cierta indiferencia, una falta de temor, que le hace aceptarla sin murmuraciones ni quejas, al estar convencido de lo que se producirá con posterioridad a este hecho.

"La vida es un efecto producido por la acción de un agente sobre la materia y este agente sin la materia, no es la vi­da"[4]. Por lo tanto, existe para ellos, un principio vital que al unirse con la materia da vida a ésta. Este principio es definido como la fuerza motriz de los cuerpos orgánicos, pero la acción de los órganos, al mismo tiempo, mantiene y desarro­lla el principio vital. Por lo tanto, al extenuarse los órga­nos sobreviene la muerte, entonces la materia orgánica se descompone y forma otros cuerpos; el principio vital vuelve a la masa.

Los órganos están impregnados del fluido vital y al produ­cirse alguna lesión éstos pueden restablecer las funciones suspendidas. No obstante, si los órganos sufren un daño consi­derable o se destruyen sus elementos esenciales, el fluido vital, es impotente para la transmisión del movimiento y el ser muere.

La doctrina es unicista en cuanto al funcionamiento de los órganos, ya que considera que existe una interrelación entre éstos, pues de la armonía de su conjunto resulta su acción recíproca. Si esta armonía se destruye se detienen las funcio­nes de los órganos y sobreviene la muerte. Entonces el cuerpo viene a ser como un equipo eléctrico que cuando recibe la electricidad vive y cuando la misma cesa, muere.

Como este fluido vital no es constante, varía incluso en cada individuo, puede resultar que algunos estén saturados del mismo y otros tengan muy poco, ello, según conciben, está en relación directa con la actividad del individuo. No obstante, si el fluido vital se convierte en insuficiente o se agota, se puede recuperar por la absorción y asimilación de las sustan­cias que lo contienen. Por otra parte, el fluido vital puede transmitirse de un individuo que posee suficiente a otro que está próximo a perderlo definitivamente evitándose así la muerte.

Dada la concepción es comprensible que para este tipo de creyente sea factible asimilar lo que en términos médico-legales se conoce como donación de órganos. Lo  aceptan como principio religioso que tendrá entre sus objetivos fundamenta­les "hacer el bien a la humanidad o dar la caridad", que se encuentra entre sus preceptos morales como regla máxima de conducta dentro de su doctrina religiosa.

Los espiritistas consideran que cuando una persona muere, su alma vuelve a ser espíritu, incorporándose al mundo de éstos, pero conservando allí su individualidad. El alma no se pierde nunca, mantiene el periespíritu[5], El alma -según, concepción teórica- ni se descompone ni se disuelve.  El periespíritu rodea el cuerpo humano, le proporciona al alma no sólo su transformación sino también su rompimiento con el mundo terrenal después del deceso. Le propor­ciona, además, el deseo a ir a otro mundo mejor y recordar –como afirma la teoría- con agrado o desagrado, el uso que ha hecho de la vida terrenal, en su paso transitorio por ésta. Es decir, las almas al desencarnarse y volver a ser espíritus mantienen sus cuali­dades propias, pueden ser buenas o malas, sabias o ignoran­tes, dichosas o desgraciadas[6].

El momento de la muerte no es doloroso, afirma la teoría kardeciana, pues el sufrimiento del cuerpo, es un placer para el espíritu que va a llegar al final de su destierro. Se hace evidente que este tipo de concepción logrará desempeñar una función compensatoria que sin lugar a dudas, sí logrará con­vertirse en convicción de los creyentes. La separación del alma del cuerpo se realiza gradualmente pues la muerte es la destrucción del cuerpo, pero no la del vínculo entre el alma y éste, o sea, el periespíritu, el cual se desprende paulatina­mente. El tiempo de este desprendimiento es muy variable pues en los casos de personas a las que califican como "muy mate­rializadas", es muy lento y puede durar hasta meses, lo cual a juicio de Kardec, resulta muy penoso, e incluso horroroso al espíritu[7].

En cuanto a la muerte clínica, esta doctrina considera que a veces en la agonía, el alma ha abandonado el cuerpo, pero que aún hay vida orgánica, el hombre no tiene ya conciencia de sí mismo y sin embargo le queda aún vida, pues el cuerpo es una máquina que hace funcionar al corazón, y que existe mien­tras éste hace que circule la sangre, no teniendo necesidad para ello de que el alma habite dentro del cuerpo, mientras se mantiene ese estado de inconsciencia. Sin embargo, el alma puede sentir que se rompen los lazos que la une al cuerpo y pone todos sus esfuerzos en acelerar el proceso de la muerte, así separada en parte de la materia ve el porvenir y goza anticipadamente de volver a ser espíritu.

El momento de la muerte, aunque para Kardec no es doloroso si es confuso, escribe que en tales circunstancias el alma se aturde y necesita tiempo para reconocer su estado. En los casos de muerte violenta, ese tiempo es mayor, incluso ve su cuerpo y no comprende que está separado de él, se acerca a los seres queridos y éstos no lo oyen. Con posterioridad al contemplar la separación del periespíritu se percata de su situación. Cuando la muerte no sobreviene repentinamente, no suele resultar penosa para el hombre honrado, es decir, para el que ha cumplido las misiones que tenía encomendadas en la Tierra. Este tipo de ser humano podrá, según señalan, tener la certeza de encontrar en la vida postmortem un mundo superior en el que no tendrá cabida la duda, el temor, ni los sufri­mientos terrenales.

Al concebir la muerte así, es comprensible que en caso de una estadía de inconsciencia prolongada, prefieran morir, y que traten de incidir en aquellos que según su definición poseen un espíritu muy apegado a la vida terrenal y no desean sepa­rarse tan pronto de ésta.

Estudio entre un grupo de creyentes con diferentes formas de prácticas espiritistas existentes en nuestro país. Resultado de un trabajo de terreno.

El espiritismo introducido y expandido en Cuba a partir de la segunda mitad del siglo XIX, ha devenido en una de las expresiones religiosas más difundidas y de mayor arraigo popular. Así ha podido comprobarse a través de trabajos reali­zados desde 1983 por el Departamento de Estudios Sociorreli­gio­sos, encaminado a determinar algunos rasgos comunes y diferencias que tipifican las variantes existentes en nuestro país, así como las principales creencias y prácti­cas religiosas de sus adeptos.

Si bien, indagar sobre la muerte no se encontró entre los objetivos centrales de estos estudios, afloraron algunas ideas al respecto que nos han sido de utilidad para reflexionar, en qué medida las concepciones kardecianas vinculadas al tema objeto de atención, han logrado incidir a nivel de conciencia individual.

Ante la pregunta de que si el alma continúa viva después de la muerte, la mayoría planteó que el espíritu nunca muere, que abandona el cuerpo para en un espacio de tiempo no prolongado reencarnar en otra persona, otros plantearon la idea de la inmortalidad del alma y el cuerpo transformándose ambos para dar paso a miles de vidas nuevas. Hay quienes afirmaron cate­góricamente que no se habla del alma sino del espíritu, mien­tras que otros dijeron que el alma existe independientemente de nuestro mundo material, que es una prolongación subjetiva e imperceptible de la vida.

Fueron diversas las respuestas en relación con el progreso. Lo consideraron como “fe en la preparación del alma”, “ser correspondido por los espíritus”, “adquirir conocimientos dentro del campo espiritual”, “depuración de la imperfección de la materia hasta alcanzar el grado de perfección puro o espiri­tualidad elevada", “estudio constante y permanente del espí­ritu" y  como el progreso de sus facultades mediumnímicas.

Al definir el espiritismo, todos coincidieron en conside­rarlo como algo puro que redunda en el bienestar de la humani­dad, como amor, comprensión, bondad. Para la mayoría esta expresión religiosa encarna todo lo bueno y grande del mundo, es una forma de vivir en paz consigo mismo y con sus semejan­tes y tiene por divisa el amor y la caridad. Hay quienes lo consideran como la gran obra de Dios, enseñanza suprema que los educa a vivir alejados de todos los vicios y lacras que corroen las sociedades contemporáneas. Puede afirmarse, anali­zándose este indicador, que las respuestas aportadas demues­tran un gran sentido de pertenencia e identificación con la expresión religiosa profesada.

Con respecto a la principal función que logra cumplir el espiritismo, pudimos percatarnos, que el tema de las curacio­nes ha marcado fuertemente la conciencia religiosa de los espiritistas sin que se produzca por ello un rechazo hacia la intervención médica. Según algunos explicaron la práctica ritual va encaminada a solucionar la parte espiritual de la enfermedad, mientras que la medicina facultativa es la encar­gada de la parte material, para muchos, el espiritismo es algo que ayuda a combatir a las almas atrasadas, lo que se vincula con la concepción kardeciana de progreso.

Significación de la muerte para el creyente epírita cubano.

Afrontar en un familiar o allegado una muerte súbita o una enfermedad prolongada que termina con un desenlace fatal, son problemas relacionados con la vida cotidiana y que se incluyen dentro de la temática abordada, a los cuáles no nos acostumbra­mos, aún cuando constituyan realidades irrefutables.  Preparar al individuo para afrontar esa situación -la pérdida física de un ser querido- es la compensación que brinda la fe religiosa a sus devotos, ofreciéndole por un lado comprensión y resignación ante el hecho y por otro, la posibilidad de mantener vivos a sus muertos y muy próximos a ellos.  Una de las vías utilizadas y la más generalizada es la bóveda espiritual.  En ella se concentran las fotos de los fallecidos, acompañados de vasos de agua y flores preferiblemente blancas; otra es el culto -misa- que con cierta sistematicidad se le rinde durante un año a partir del días posterior del deceso; y por último mediante las comunicacio­nes que establece el médium en trance con el espíritu del falle­cido.  Por estos medios se acude a ellos en busca de ayuda o simplemente para conversar o rememorar hechos acaecidos.  Actos estos que se pueden realizar en actividades culturales grupales o por la vía individual.

Aún cuando para el creyente espiritista que está vinculado o no a la Regla Ocha, o a la Conga, o se nutre de los elementos más populares del quehacer religioso cubano, teorizar sobre la significación de la muerte no constituye el centro de sus reflexiones sobre la vida.  Conoce y de hecho practica un conjunto de actividades cultuales no solo con el objetivo de preservar la salud, como garantía para proteger y prolongar la vida, sino también para que al desencarnar, su espíritu se eleve en paz y su alma ya desmaterializada se vaya sin "grandes arras­tres", Es decir, sin tormentosas deudas terrenales, para desde allí -del mundo espiritual- mantenerse en contacto con los familiares o allegados que evoque su espíritu en busca de ayuda y consuelo.

Las respuestas en estos creyentes ante la problemática de la muerte son concisas y prácticas.  Para ellos "con la muerte todo acaba".  Aparentemente este tipo de respuesta entra en contradicción con la teoría kardecista, que como anteriormente habíamos planteado, conceptúa la muerte como tránsito hacia una nueva forma de vida.  No obstante obser­vamos que esa supuesta contradicción se diluye cuando al profun­dizar en el problema, entre sus planteamientos encontramos reflexiones referentes a la prolongación de la vida después de la muerte pero desde otro ángulo, conceptuándolo de la siguiente forma "el espíritu nunca muere", "el alma continúa viva aún después de la muerte".

De lo anterior se puede inferir que en sus respuestas expone no solo sus vivencias prácticas sobre el conocimiento de la expre­sión religiosa, sino también sus deseos personales de no dejar el camino escogido.  Entonces la expresión "con la muerte todo acaba", puede ser interpretada en el sentido de término con lo material, de fin en cuanto a presencia física con tal o cual personalidad determinada, pero nunca como expresión absoluta en término de conclusión.

Desde el punto de vista, este tipo de creyente espírita sin un fuerte basamento teórico, pero sí empírico, cree sentirse prepa­rado para enfrentar la muerte y esperarla con resignación, convencido de que aún después de ella va a seguir siendo útil porque cuidará desde el mundo espiritual a quienes dejó en el plano terrenal.  Lo importante para él, es cumplir la misión de espíritu encarnado y poder recibir post-mortem una gratificación: el progreso espiritual.

Significa entonces que la muerte en ellos es vivificada como el momento de enlace entre el mundo material, en el cual cumple una misión; y el espiritual al cual se siente pertenecer, aún cuando teóricamente no lo sepan determinar.  Se representan la muerte en término del cumplimiento de la reencarnación, según el principio de la predeterminación, es por ello que tan solemnemente le rinden culto a sus muertos mediante rezos, novearios, misas e invocación de sus espíritus para establecer comunicación con ellos.  Esto psicoló­gicamente los compensa, al saber que a través de un medium en trance recibirá orientaciones y valoraciones de su comportamiento terrenal donde no faltará una visión proyectada a quien conoció y /o amó, lo que le servirá para orientar o reorientar su vida.

Consideraciones generales

Puede señalarse a modo de consideración final que a dife­rencia de otras expresiones religiosas, la muerte es concebida en la teoría en la teoría y práctica espiritista como conti­nuidad, progreso y encuentro del hombre consigo mismo. Ello provoca, tal y como se ha señalado, que en la mayoría de estos creyentes no exista temor o rechazo hacia la idea de la muerte o fin de la existencia humana. Inclusive, ante un hecho tan impactante como lo es la muerte encefálica o la aceptación de la eutanasia se le busca desde el punto de vista religioso una explicación para ellos racional.

Todo lo anterior nos lleva a afirmar, de modo hipotético, que las concepciones kardecianas sobre esta temática abordada logra incidir a nivel de conciencia individual y psicológico social en este tipo de creyentes, tanto para enfrentar la vida como para afrontar la muerte. Ambas categorías –vida, muerte-, se presentan ante el sujeto como complementarias en su evolución como individualidades, enseñándoles que la vida terrenal es una escuela donde se aprende a vivir para morir y la muerte es la ascensión a la espiritualidad, a un plano superior de existencia.

Bibliografía

Argüelles, A e I. Hodge (1991): "Los llamados cultos sin­cré­ti­cos y el espiritismo", Editorial Academia, La Habana.

Ciencia del Espíritu (1993): publicación semestral, Vol.I, Nos.1 y 2, Buenos Aires.

Colectivo de autores (1990): "la religión en la Cultura", Depto. de Estudios Socio-religiosos (DESR), Editorial Academia, La Habana.

___________(1993): "La conciencia religiosa. Caracte­rísticas y formas de manifestarse en la sociedad cubana contempo­ránea", DESR, La Habana (inédito).

Denis, León (1944): "Después de la muerte", Ed. Víctor Hugo, Buenos Aires.

__________(1991): "Caracterización del cre­yente espírita en Cuba" (resultado parcial de investiga­ción), DESR, CIPS, La Habana (inédito).

Kardec, Allan (1973): "El Libro de los Espíritus", Studium Corpora­tion, New York.

Noeggeralth, Rufina (s/f): "La vida de ultratumba (La Sur­vie), su realidad, su manifestación su filosofía. Ecos del más allá", Tomo II

 


NOTAS:

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[1] Es válido aclarar que la expresión concreta de esta expresión religiosa es diversa y esta  condicionada no solo por la intuición de sus practicantes, sino por la influencia recibida por otras expresiones religiosas en el  país, principalmente las de origen africano, pero además, sus practicas rituales se dirigen

en especial a resolver problemas relacionados con  la vida cotidiana.

[2] Se considera a las hermanas Kate y Margaret Fox las creadoras del espiritismo en 1848 en el poblado de Hydesville, EE.UU., quienes hicieron públicas las primeras demostraciones de comunicación con el lla­mado "MUNDO DEL MAS ALLA", o los espíritus

[3] Fariñas, Ma. Daisy: "Las formas tempranas de reli­gión y su ejemplificación en Cuba". En proceso de impresión para una compilación de trabajos de uso docente (UH).

[4] Kardec, Allan: "Libro de los Espíritus" Cap. I, pág. 85,86

[5] Los espiritistas definen el periespíritu como prin­cipio intermedio entre la materia y el espíritu. Ver el "Libro de los Espíritus" de Allan Kardec, Cap. I, pág. 77

[6] Kardec, Allan: "Libro de los Espíritus", Cap. I, Pág. 124

[7] Kardec, Allan: "Libro de los Espíritus", Cap. III, Libro 2, pág. 98-103