Cuestiones jurídicas y bioéticas entorno a la Muerte
Curso dictado por Dra. Teodora ZAMUDIO

Material editado para l@s alumn@s de la U.M.S.A.

 

Caracteres culturales de la evolución

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- El lenguaje.

- El arte.

- La autoconciencia.

Descartada la posibilidad de determinar un único rasgo biológico para la diferenciación del género humano so pena de arbitrariedad no sólo manifiesta sino contraria a las tesis científicas más desarrolladas, cabe jalonar la evolución de la familia humana en  la adquisición de los demás caracteres y manifestaciones que caracterizan al Homo sapiens sapiens; esto es: el lenguaje, la expresión artística y la autoconciencia.

El lenguaje.

La necesidad de coordinar actividades sociales y económicas una vez alcanzado el estadio de cazador-recolector habría obrado como fuerza selectiva entre quienes desarrollaban la capacidad de comunicar más eficiente y detalladamente no sólo las eventualidades de una cacería o forrajeo, sino la transmisión de la tecnología para la manufacturación de las herramientas de que se valían. La división estructural, social y complementaria debió hallar en el lenguaje hablado un beneficio secundario, pero precioso e importante[1], mucho más eficiente que el gruñido que no permite la integración del número de comunicantes que sí admite el lenguaje.

Frente a quienes ven el lenguaje como un rasgo distintivo –y único- del hombre moderno[2] adquirido abruptamente, otros modelos creen que la capacidad de hablar evolucionó desde la prehistoria humana al seleccionar capacidades ligadas a la comunicación “hablada”, alterando así la masa cerebral que debió aumentar de tamaño al establecerse relaciones interneuronales más intrincadas y complejas[3].

Comparando las diferencias en la conexión neuronal ente el cerebro del simio y el humano, se advierte que las estructuras cerebrales más alteradas por la evolución reflejan las extraordinarias demandas del lenguaje hablado. El cuándo y cómo fue posible su nacimiento encuentra hipótesis de respuesta en los cambios anatómicos verificables en los fósiles y en los artefactos hallados.

Gráfico 1 Morfología del tracto digestivo-respiratorio

Anatómicamente, dos son los signos que dan la pista: el área de Broca sobre la sien izquierda del cerebro que deja su impronta en el cráneo y que esta implicada en el proceso del habla (si bien muchas otras zonas del cerebro lo están, su ubicación interna no permite ser registrada en la corteza ósea), y un tracto bucal que permite un mayor variedad de sonidos cuando el espacio faríngeo está situado en la parte inferior de la garganta. En tanto la primera ha sido detectada en fósiles de Homo habilis, la disposición naso-faríngea facilitadora sólo pudo comprobarse en el Homo erectus  a la vista del basicráneo levemente arqueado –equivalente al mostrado por un niño de seis años actual- que muestra un cráneo que puede alojar la disposición indicada[4]  

Gráfico 2 Capacidad lingüística de los Neandertal (der.).

Modelo de Lieberman. Dibujo: Diane Salles, en The Last Neandertal, de Ian Tattersall

Por su parte, los Neandertal tenían la lengua y la laringe mal situadas para producir la clase de sonidos necesarios para el lenguaje moderno complejo. En el gráfico 2 se pueden ver las similitudes y diferencias que existen entre las rutas vocales del Homo sapiens sapiens (izq) y las de los Neandertal[5] (der).

Otros indicios, esta vez tecno-culturales, se advierten en la fabricación de lascas. Ésta fue llevada a cabo por operarios que hace 1,7 millones de años eran mayoritariamente diestros, lo cual pone de manifiesto una lateralización del cerebro que indica una complejidad compatible con la necesaria para desarrollar el lenguaje. Pero, si se pasa por alto las hachas del período Achelense (Homo erectus) para cuyos fabricantes es obvio que el producto final era una preocupación, el orden y la variedad de la producción lítica –que sería una muestra del desarrollo tecnológico premeditado- sólo puede ser verificada en las poblaciones del Paleolítico Superior (hace sólo 35.000 años).

El arte.

“El arte está en decadencia desde la cuevas de Altamira”.

Joan Miró

Gráfico 3 “Manos en negativo”.

Sea cual fuera el impulso que llevó a las poblaciones de la era glacial (35.000 a 10.000 años atrás) las pruebas del desarrollo artístico delatan una mente desarrollada y la domesticación de elaboradas técnicas de trabajo de materiales muy variados; bien que con épocas marcadas que van desde pintura y grabado expresionista para convertirse en imágenes esquemáticas y geométricas que sólo recuperarán movimiento y perspectiva en el Renacimiento.

Las huellas indican que la habilidad en el tallado ya hace 34.000 años –incluso de instrumentos musicales, como una pequeña flauta de hueso- y en el modelado (hace 30.000 años) aunque no se han encontrado pinturas sino de épocas más recientes (hace entre 22.000 y 18.000 años) estas manifestaciones no son simples cognitivamente hablando y ponen de manifiesto una capacidad de reflexión moderna que  indicarían el nivel intelectual y de abstracción adquirida por el Homo.

Las técnicas de pintura en negativo (el contorno externo) lograda por aspersión, demuestran manos con dedos faltantes o escondidos que por lo repetido inducen a pensar en un simbolismo[6] pues ningún esqueleto del Paleolítico Superior  encontrado hasta la fecha presenta las manos con las falanges incompletas. La asunción más probable sería mientras que las manos fueron trazadas con los dedos plegados, en una muestra de reconocimiento o lenguaje cifrado, probablemente asociado a la caza o a ritos o formando parte de un lenguaje reservado usado por los cazadores como se ha comprobado entre los bosquimanos, o los aborígenes de Australia.

Gráfico 4 Venus esteatopigicas

 Durante este período se produjeron las venus esteatopigicas  de gran realismo y rigor plástico. Muestran un característico peinado, aunque rara vez rostro. De formas voluptuosas y pubis remarcado, la feminidad tan acentuada demuestra un rito u ofrenda a la fecundidad.

Se denominan venus esteatopigicas por su apariencia física (esteatos viene del griego y significa grasa, mientras que pigos se refiere a las caderas y nalgas). A la derecha, la Venus de Lespuge, descubierta en Des Rideaux (Alto Garona, Francia). Data de unos 23.000 años y como se puede ver sus nalgas están desmesuradamente abultadas. Se piensa que las mujeres del periodo glacial podrían padecer de esteatopigia, que consiste en una acumulación extrema de grasa en las caderas que se utiliza como reserva en épocas de escasez de alimentos. La esteatopigia existe todavía en mujeres de algunas sociedades tribales, como los bosquimanos del Kalahari, para los cuales tiene un importante valor estético atrayente.

Otros signos abstractos acompañando las figuras se asemejan a los “experimentados” por individuos en estado de conciencia alterada (sea cual sea su trasfondo cultural), trabajos en estancias de inmensas cavernas  en específicas salas de especial resonancia que permiten recrear momentos rituales, estatuillas que representan con claridad los atributos de la fertilidad femenina. Todas estas manifestaciones no dejan dudas de la profunda importancia que el arte tuvo desde el Paleolítico superior y el desarrollo de una mente moderna para poder lograrlo.

La autoconciencia.

La sensación subjetiva o conciencia reflexiva es la fuente del sentido de individualidad la que, junto con la percepción del mundo que nos rodea, es producto de los canales sensoriales que se desarrollan y la correlativa capacidad de procesamiento de naturaleza cualitativa para interpretar  el flujo de información. Cuándo emergió la mente humana que permitió desenvolver esa capacidad parece estar relacionado con el tamaño (tres veces más grande que en los restantes miembros de la especie primate) y la estructura del cerebro (cinco veces más compleja), la organización social y el modo de subsistencia.

Algunos comportamientos como el arte reflejan una conciencia, pero la expresión que goza de mayor predicamento es el rito a la muerte. El enterramiento deliberado de los muertos habla claramente de una conciencia de la muerte y por ende de la individualidad.

La primera prueba de enterramiento del que se tiene registro arqueológico corresponde a la familia “Neandertal”[7] y en otro existe evidencia de un rito específico que presenta los restos mortuorios rodeados de gran cantidad de polen a la entrada de una cueva[8].

En Shanidar (Irak) siete individuos fueron enterrados hace 70.000 años, allí se encontraron restos que descansaban cuidadosamente colocados en posición fetal en un áspero lecho tejido de belcho, un tipo de planta local. De acuerdo con las muestras de polen tomadas, estos Neandertales fueron enterrados con varias especies diferentes de flores, se verifica la ordenada distribución  de los granos en torno a los restos fósiles es incuestionable que las flores[9] fueron dispuestas deliberadamente y no dejadas caer sobre la tumba, como si el cuerpo hubiera sido cubierto.

Otras siete tumbas Neandertal fueron encontradas en La Ferrassie, en la región suroeste de Francia. En esa ocasión los restos pertenecieron a un hombre, una mujer, dos niños y tres bebés[10]. Pero lo que resulta aún más significativo es una tumba que, en medio de las trincheras había una depresión oval, de 40 por 30 cm., contenía los restos de un feto incompleto (de unos 7 meses) y tres [racloirs] bellamente hechos. En medio de ellos, un esqueleto infantil, de unos 4 años, estaba sin cabeza: la calavera estaba enterrada a corta distancia, cubierta con una gran piedra marcada con una serie de depresiones artificiales huecas. Muy cerca había fosos y trincheras que en algunos casos contenían huesos de animales. Esta evidencia indica que los Neandertal enterraban ceremoniosamente a sus muertos de modo simbólico y ritual.

El acompañamiento de herramientas de sílex con los restos puede ser interpretado como una creencia Neandertal en la inmortalidad. Estos objetos y la fauna son posibles representaciones de una buena caza y garantía de vitalidad, o podría también ser un emblema del estatus en el interior del grupo. Otra característica son las depresiones huecas en la piedra con significaciones no establecidas, incluida la aceptación de la muerte de un hijo, su inclusión en el clan o su anterior residencia en la cueva.

Gráfico 5 Restos correspondientes al “anciano” de La-Chapelle-aux-Saints.

Foto: Kharlena María Ramanan Neandertals A cyber perspective

Gráfico 6 “Enterramiento” de osos.

Dibujos: Ramanan Kharlena, María Neandertals A cyber perspective

Gráfico 7 Culto al Oso de las Cavernas

Dibujos: Ramanan Kharlena, María Neandertals A cyber perspective

El enterramiento del “Anciano”, en la La-Chapelle-aux-Saints,  es de vital importancia para el desarrollo de las ideas acerca de los Neandertal. Este individuo estaba enterrado sobre su espalda, con su cabeza hacia el oeste, el brazo izquierdo extendido y sus piernas flexionadas a la derecha. Cerca de la cabeza había tres largos huesos metatarsianos de mamíferos, junto con otros restos animales. Muchos de estos huesos parecen haber sido quemados, así como el sedimento circundante, que indica probablemente algún festín que tuvo lugar antes de que este individuo fuera enterrado.

Otro indicio de la adquisición de autoconciencia es la elaboración de un culto o religión. También de este tipo de manifestaciones se hallaron evidencias entre los tempranos Neandertal. 

Un ejemplo viable de magia relacionada con la caza fue una ceremonia que pudo tener lugar en una cueva del Líbano, hace unos cincuenta mil años, en la que los Neandertal desmembraron un ciervo, colocaron sus restos en un lecho de piedra y los rociaron de ocre rojo. El pigmento fue posiblemente un símbolo de la sangre y el acto fue aparentemente un intento ritualista o mágico de controlar la vida y la muerte en el reino de los ciervos[11]

Colecciones de huesos de oso ampliamente dispersados por los yacimientos lo sugieren, especialmente en Drachenloch, en Suiza, donde un cierto número de cráneos de oso fueron encontrados apilados en un arca de piedra[12]. Se cree que el arca de piedra había sido fabricada por los Neandertal, que habrían habitado a la entrada de la cueva. La parte superior de la estructura estaba cubierta por una sólida losa de piedra. En el interior estaban las calaveras de siete osos con los hocicos dispuestos frente a la entrada de la cueva y aún más dentro de la cueva otras seis calaveras de oso en nichos a lo largo de la pared, cerca de estos restos, atados en manojos, huesos de extremidades pertenecientes a diferentes osos.

Estos yacimientos permiten suponer un “Culto al Oso de las Cavernas”, o manifestación religiosa. Consistían en la calavera de un oso de tres años con la mejilla perforada y atravesada con un hueso de pierna de un oso joven. Descansaban sobre dos huesos de otros dos osos, en una disposición que difícilmente podía haber sucedido al azar.

Estas huellas se suman a las artístico-religiosa de las cavernas. Las figuras mitad humana, mitad animal o quiméricas que dan cuenta de un incipiente espíritu religioso, de elementos de un mito del origen demandado por un pueblo que comienza a tomar conciencia de sí mismo[13] y a experimentar estadios de alucinación como medio de comunicación con niveles trascendentes.

De este tipo de expresiones se han encontrado representaciones correpondientes al Período Magdaleniense, del Paleolítico Superior en cuevas de la Dordoña (Francia).

Gráfico 8 Antropomorfos  itifálicos.

Las imágenes de antropomorfos itifálicos han sido asociadas al registro gráfico de cazadores ante piezas y jornadas propicias; también ha sido postulado el carácter mágico y propiciatorio, o iniciático. Las explicaciones actuales tienden a apoyar las teorias cósmico-sexuales de Leroi-Gurhan, insistiendo en su organización como signos semióticos de una comunidad.

En todo caso, el lenguaje, la conciencia y el arte no parecen haber aparecido abruptamente, para determinar un claro comienzo de lo humano.

Aquellos que desean mantener a los humanos como algo especial darán la bienvenida a pruebas que apoyen un origen abrupto y reciente de las señaladas manifestaciones humanas.

Por el contrario, los que se sienten cómodos con la conexión de los humanos con el resto de la naturaleza no les consternará un temprano y lento desarrollo.

Si la “humaneidad” es un desarrollo, una gradualidad -emergiendo y diferenciándose lenta y tempranamente- “el hombre será naturalmente terrenal”, y más que un resultado sería un proceso que continuaría actualmente...

 

 

 


NOTAS:

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[1] Esta postura encuentra sostén en la llamada hipótesis de la inteligencia social diseñada a partir de los trabajos del neurólogo de la Universidad de Columbia (Nueva York), Ralph Holloway.

[2] Así la escuela de Noam Chomsky del M.I.T. (Estados Unidos) para quien la facultad de hablar ha sido un accidente en la evolución producida por la complejidad cerebral alcanzada en un momento dado.

[3] Steven Pinker del mismo M.I.T. ha expuesto argumentos a favor de una base genética para el lenguaje hablado, lo cual apoyaría su evolución por selección natural. Pinker, Steven; El instinto del lenguaje, Alianza Editorial, Madrid, 1995.

[4] Esta huella anatómica dejada en la base craneal no ha sido encontrada desarrollada en los restos del Homo sapiens neanderthalensis que habitó cientos de miles de años después del Homo arcaico en quien sí se pudo verificar  la flexión basicraneana. Si bien en el caso del “hombre de Neandertal” la configuración anatómica pudo haber sido una respuesta al medio gélido en el que habitaba y sería válido hipotizar que su aptitud lingüística –de estar presente- encontró otro esquema físico dentro del cual manifestarse.

[5] Esta teoría ha sido puesta en duda frente a un esqueleto de Neandertal descubierto en Oriente Medio con un hueso hioides, o hueso de la garganta, idéntico al de un hombre moderno. Kharlena María Ramanan Neandertals A cyber perspective 1999.

[6] Las expresiones halladas corresponden al período gravietense –hace de 30.000 a 22.000 años- durante el Paleolítico Superior, constituyen las primeras pinturas rupestres. Sin embargo, las más famosas manisfestaciones artísticas de esta etapa la constituyen las estatuillas  femeninas en arcilla, marfil o calcita. (Leaky, R. ob.cit.)

[7] En el yacimiento de La Ferrasie (Francia) fueron sepultados 8 Neanderthal de diferentes edades, y en muchos otros lugares se han encontrado más pruebas de ello.

[8] Otro rito que da cuenta del interés por establecer contacto con lo sobrenatural y misterioso del más allá de la vidad, según Sibylle von Reden, es el tatuaje de vulvas femeninas en la cuevas donde se depositaban a los muertos –de época más reciente (35.000 años); un enterramiento del refugio de Laugerie-Basse (Dordoña) mostraba cauríes formando pareja sobre la frente, los brazos , los muslos, rodillas y pies del cadáver. Esta costumbre probablemente llegó a Europa con las invasiones de los pueblos del este, hace 35.000 años, que trajeron consigo la venus primitiva.

[9] Algunas de las especies de flores encontradas en Shanidar IV eran: aciano, cardo de San Banaby, hierba cana, jacinto, belcho y una especie de malva. Muchas de ellas tienen propiedades medicinales que abarcan desde el alivio del dolor de muelas y la inflamación hasta su uso como cataplasma y para las convulsiones Leaky, R. Lewin, R. Nuestros orígenes Ed. Crítica; 1998.

[10] El hombre tenía una edad aproximada de 45 años y su esqueleto mostraba que había sido enterrado acostado sobre su espalda, ligeramente inclinado hacia la izquierda, con las piernas flexionadas. Tres piedras lisas estaban asociadas al enterramiento, una cerca del cráneo y las otras sobre los brazos, y varios grandes huesos, astillas de hueso y láminas de sílex habían sido puestas en su tumba, interpretadas a menudo como una protección del enterramiento. Cerca de la tumba del hombre estaba el esqueleto de una mujer de unos 25 a 30 años, enterrada en tal posición que sugiere que podría haber sido atada antes del enterramiento. No hay enseres en este enterramiento. Los Neandertal 3 y 4 estaban enterrados en trincheras de 30 a 40 cm. de profundidad de apariencia similar. Contenían los huesos de dos (posiblemente tres) niños y un feto o neonato. Leaky, R. Lewin, R. ob.cit.

[11] Leaky, R. Lewin, R. Ob,cit.

[12] Auel, Jean El caln del oso cavernario. Ed. Maeva; 1998.

[13] Pero si esas manifestaciones de “cultura” y “conciencia” pertenecieron –en exclusiva- a la familia humana que llega hasta la actualidad no puede ser afirmado a riesgo de ignorar que las capas sucesivas de restos Neandertal - cromagnon - Neandertal en la región fronteriza entre la glacial Europa y la cálida África que permiten presumir: la contemporaneidad de ambas familias y una secuencia ecológica motivada por cambios climáticos, no una  evolutiva, muestran vestigios líticos y funerarios de similar importancia (en todo caso, de superior calidad intelectiva la atribuida a los desaparecidos Neandertal.)