Cuestiones jurídicas y bioéticas entorno a la Muerte
Curso dictado por Dra. Teodora ZAMUDIO

Material editado para l@s alumn@s de la U.M.S.A.

 

El momento de la Muerte

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Acta de defunción. La Matanza 1881La muerte puede ser también considerada como el fin de la vida, opuesto al nacimiento. El evento de la muerte es la culminación de la vida de un organismo vivo, mientras que el estado es lo que sucede a dicho evento. Sinónimos de muerto son occiso (muerto violentamente) y difunto.

Se suele decir que una de las características clave de la muerte es que es definitiva, y en efecto, los científicos no han sido capaces hasta ahora de presenciar la recomposición del proceso homeostático desde un punto termodinámicamente irrecuperable.

¿Cómo puede ser determinado el momento exacto de una defunción? Esto resulta importante por varios motivos. Conocer con certeza el instante de una muerte sirve entre otras cosas para disponer de sus órganos como “donante”, abrir su sucesión y en general guiarnos con respecto a cuándo actuar apropiadamente ante una persona difunta.

En particular, identificar el momento exacto de la muerte es importante -como se dijo- en casos de transplante de órganos, ya que los órganos deben ser retirados del cuerpo lo más pronto posible tras la muerte. Históricamente los intentos por definir el momento preciso de la muerte han sido problemáticos. Antiguamente se definía la muerte (evento) como el momento en que cesan los latidos del corazón y la respiración, pero el desarrollo de la ciencia ha permitido establecer que realmente la muerte es un proceso, el cual en un determinado momento, se torna irreversible. Hoy en día, cuando es precisa una definición del momento de la muerte, se considera que este corresponde al momento en que se produce la irreversibilidad de este proceso. Existen en medicina protocolos clínicos que permiten establecer con certeza el momento de la muerte, es decir, que se ha cumplido una condición suficiente y necesaria para la irreversibilidad del proceso de muerte.

Existen nuevos datos sobre la posibilidad de recuperar la función cerebral después de un ictus. Según se acaba de publicar en la edición electrónica de Nature (DOI: 10.1038/Nature 04940, 26-VI-2006), un equipo de investigadores del Laboratorio de Biología Molecular del Instituto Nacional de Enfermedades Neurobiológicas e Ictus, de Bethesda, Maryland, dirigido por Ronald Mac Kay, ha demostrado que se puede activar la función de las células madre cerebrales, activando un receptorcelular específico, el receptor Notch. La activación de este receptor hace que se prolongue la supervivencia de las células madre neuronales, lo que facilita su activación y por consiguiente que puedan desarrollar mejor su función reparadora del tejido lesionado. Aunque la activación del Notch se ha probado únicamente en ratas, es indudable que estas experiencias es muy probable que, en un futuro próximo, puedan también ser aplicadas en humanos.

Fuente: Providapress Nº 230 3 de octubre 2006. www.provida.es/valencia

Gracias al avance tecnológico de la medicina, hoy es posible mantener una actividad cardiaca y ventilatoria artificial en cuidados intensivos, en una persona en la que el proceso de degradación homeostática se ha tornado irreversible. El protocolo utilizado para el diagnóstico de la muerte en este caso es diferente y debe ser aplicado por especialistas en ciencias neurológicas, hablándose entonces de "muerte cerebral" o "muerte encefálica". En el pasado, algunos consideraban que era suficiente con el cese de actividad eléctrica en la corteza cerebral (lo que implica el fin de la conciencia) para determinar la muerte encefálica, es decir, el cese definitivo de la conciencia equivaldría a estar muerto, pero hoy se considera, en casi todo el mundo, difunta a una persona (aún si permanece con actividad cardiaca y ventilatoria gracias al soporte artificial en una unidad de cuidados intensivos), tras el cese irreversible de la actividad vital de todo el cerebro incluido el tallo cerebral (estructura más baja del encéfalo encargada de la gran mayoría de las funciones vitales), comprobada mediante protocolos clínicos neurológicos bien definidos y soportada por pruebas especializadas.

En estos casos, la determinación de la muerte puede ser dificultosa.

Un electroencefalograma, que es la prueba más utilizada para determinar la actividad eléctrica cerebral, puede no detectar algunas señales electricas cerebrales muy débiles o pueden aparecer en él señales producidas fuera del cerebro y ser interpretadas erróneamente como cerebrales. Debido a esto, se han desarrollado otras pruebas más confiables y específicas para evaluar la vitalidad cerebral como la Tomografía por Emisión de Fotón Único (SPECT cerebral), la Panangiografía cerebral y el Ultrasonido transcraneal.

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